El lado dulce de Budapest

No es ningún secreto que los húngaros son bastante golosos; los extranjeros suelen quedarse estupefactos ante nuestra costumbre de tomar sopa de frutas como entrante, con una porción de nata montada encima. De todas formas, hay toda una cornucopia de postres, pasteles y tartas húngaros que han logrado fama internacional.

El pastel húngaro más famoso es el Dobos, creado en 1885 por József Dobos. Esta tarta es decepcionantemente simple, con capas de crema de manteca de cacao (una nueva invención de aquellos tiempos) entre bizcocho. Lo que le otorga su carácter distintivo es la dura capa de azúcar caramelizada que lleva por encima, que todo el mundo se deja para poder saborearla bien al final. El Rigó Jancsi es un cubo de mousse de chocolate entre dos capas de tierno bizcocho, y que recibe el nombre de un famoso violinista húngaro que tuvo un escandaloso asunto amoroso con una princesa francesa, algo que supuso una ingeniosa estrategia de marketing. El Rákóczi túrós recibe su nombre del pastelero que lo inventó, János Rákóczi, y no del líder revolucionario Ferenc Rákóczi. El pastel en sí está elaborado con pasta quebrada en cuya parte superior tiene crema de requesón, y también lleva mermelada de albaricoque enrejada con merengue. El Somlói galuska es el postre favorito de los húngaros; una deliciosa maraña de bizcocho, nata montada y salsa de chocolate que suele estar también en el menú de los restaurantes tradicionales. Las tortitas Gundel son otro postre tradicional muy apreciado que se puede ver en muchos restaurants, pero, si buscas el original, visitar el legendario Restaurante Gundel es obligatorio. Los crepes de estilo francés se sirven flambeados, rellenos con nueces molidas, y cubiertos con una generosa porción de salsa de chocolate y azúcar glass espolvoreada.

¿Dónde se pueden probar estas delicias? Gerbaud, en la Plaza Vörösmarty, es la indiscutible reina de los cafés de Budapest. Ha habido una pastelería en su espectacular edificio desde 1861, pero en realidad se convirtió en una institución en 1883, cuando se hizo cargo Émile Gerbeaud y logró hacerse famoso con sus bombones y sus "mignons". Mientras su decoración dorada es propia de la belle époque, la innovación en la cocina es incesante; Gerbaud ofrece postres tradicionales reimaginados y adaptados al siglo XXI. La Casa Gourmet Szamos, situada en el lado opuesto de la Plaza Vörösmarty, es un local reciente, pero ya se venera su nombre. Szamos se dio a conocer por sus creaciones de mazapán, pero en esta Casa Gourmet satisfacen todo tipo de gustos y apetitos, y es uno de los mejores lugares de la ciudad si se quiere disfrutar de un desayuno opíparo. La diminuta Ruszwurm es una parada obligatoria en cualquier visita al Castillo de Buda. Esta pastelería lleva abierta, sin que su interior de estilo Biedermeier haya cambiado apenas, desde 1827. La demanda supera en la actualidad con creces la capacidad de este acogedor café, pero sus pasteles, bombones y helados, preparados con gran maestría, hacen que merezca la pena esperar la cola.

Además de estos tesoros nacionales, Budapest está salpicada de pastelerías familiares, y en los últimos años ha surgido una ola de nuevos comerciantes de dulces que suministran productos para satisfaced cualquier gusto e incluso a aquellos que siguen dietas modernas. En Sugar! cuidan mucho el diseño, y sacan una nueva "colección" tematizada de natas y pasteles cada temporada. Hay postres de moda como los almendrados, los cupcakes y las mousses que se pueden encontrar con suma facilidad en la actualidad, como sucede con los pasteles rellenos. Zazzi es famosa por sus almendrados, y Chez Dodo aporta a Budapest una porción del sabor de París. Incluso aquellos preocupados por su salud tampoco tendrán que "sudar" después de probar los pequeños placeres de la vida: hay lugares como Naspolya Nassolda, Brioche o Bobajka que ofrecen postres sin azúcar y sin gluten.

En verano, nuestros antojos de dulces se ven satisfechos con los helados. Casi todas las pastelerías venden helados caseros de estilo italiano y cada vez hay más heladerías artesanales en las que podremos satisfacer nuestro apetito. Las heladerías Fragola y Levendula ofrecen helados elaborados a partir de ingredientes de la máxima calidad, y a menudo sabores fuera de lo común, en varias ubicaciones en torno a la ciudad.

El pastel húngaro más famoso es el Dobos, creado en 1885 por József Dobos. Esta tarta es decepcionantemente simple, con capas de crema de manteca de cacao (una nueva invención de aquellos tiempos) entre bizcocho. Lo que le otorga su carácter distintivo es la dura capa de azúcar caramelizada que lleva por encima, que todo el mundo se deja para poder saborearla bien al final. El Rigó Jancsi es un cubo de mousse de chocolate entre dos capas de tierno bizcocho, y que recibe el nombre de un famoso violinista húngaro que tuvo un escandaloso asunto amoroso con una princesa francesa, algo que supuso una ingeniosa estrategia de marketing. El Rákóczi túrós recibe su nombre del pastelero que lo inventó, János Rákóczi, y no del líder revolucionario Ferenc Rákóczi. El pastel en sí está elaborado con pasta quebrada en cuya parte superior tiene crema de requesón, y también lleva mermelada de albaricoque enrejada con merengue. El Somlói galuska es el postre favorito de los húngaros; una deliciosa maraña de bizcocho, nata montada y salsa de chocolate que suele estar también en el menú de los restaurantes tradicionales. Las tortitas Gundel son otro postre tradicional muy apreciado que se puede ver en muchos restaurants, pero, si buscas el original, visitar el legendario Restaurante Gundel es obligatorio. Los crepes de estilo francés se sirven flambeados, rellenos con nueces molidas, y cubiertos con una generosa porción de salsa de chocolate y azúcar glass espolvoreada.

¿Dónde se pueden probar estas delicias? Gerbeaud , en la Plaza Vörösmarty, es la indiscutible reina de los cafés de Budapest. Ha habido una pastelería en su espectacular edificio desde 1861, pero en realidad se convirtió en una institución en 1883, cuando se hizo cargo Émile Gerbeaud y logró hacerse famoso con sus bombones y sus "mignons". Mientras su decoración dorada es propia de la belle époque, la innovación en la cocina es incesante; Gerbaud ofrece postres tradicionales reimaginados y adaptados al siglo XXI. La Casa Gourmet, situada en el lado opuesto de la Plaza Vörösmarty, es un local reciente, pero ya se venera su nombre. Szamos se dio a conocer por sus creaciones de mazapán, pero en esta Casa Gourmet satisfacen todo tipo de gustos y apetitos, y es uno de los mejores lugares de la ciudad si se quiere disfrutar de un desayuno opíparo. La diminuta Ruszwurm es una parada obligatoria en cualquier visita al Castillo de Buda. Esta pastelería lleva abierta, sin que su interior de estilo Biedermeier haya cambiado apenas, desde 1827. La demanda supera en la actualidad con creces la capacidad de este acogedor café, pero sus pasteles, bombones y helados, preparados con gran maestría, hacen que merezca la pena esperar la cola.

Además de estos tesoros nacionales, Budapest está salpicada de pastelerías familiares, y en los últimos años ha surgido una ola de nuevos comerciantes de dulces que suministran productos para satisfaced cualquier gusto e incluso a aquellos que siguen dietas modernas. En Sugar! cuidan mucho el diseño, y sacan una nueva "colección" tematizada de natas y pasteles cada temporada. Hay postres de moda como los almendrados, los cupcakes y las mousses que se pueden encontrar con suma facilidad en la actualidad, como sucede con los pasteles rellenos. Zazzi es famosa por sus almendrados, y Chez Dodo aporta a Budapest una porción del sabor de París. Incluso aquellos preocupados por su salud tampoco tendrán que "sudar" después de probar los pequeños placeres de la vida: hay lugares como Naspolya Nassolda, Brioche o Bobajka que ofrecen postres sin azúcar y sin gluten.

En verano, nuestros antojos de dulces se ven satisfechos con los helados. Casi todas las pastelerías venden helados caseros de estilo italiano y cada vez hay más heladerías artesanales en las que podremos satisfacer nuestro apetito. Las heladerías Fragola y Levendula ofrecen helados elaborados a partir de ingredientes de la máxima calidad, y a menudo sabores fuera de lo común, en varias ubicaciones en torno a la ciudad.